
Adicciones después de los 40: una realidad silenciosa que crece fuera del foco público
Durante años, el debate sobre las adicciones ha estado centrado en adolescentes y jóvenes. Sin embargo, una realidad menos visible avanza de manera constante: los comportamientos adictivos en personas mayores de 40 años, un fenómeno que rara vez ocupa titulares, pero que impacta de forma profunda la salud, las familias y el entorno laboral de miles de personas. Lejos del estereotipo del consumo juvenil, las adicciones en esta etapa de la vida
suelen desarrollarse en silencio, con altos niveles de negación y escasa búsqueda de ayuda profesional.
Más allá de las drogas ilegales
En personas mayores de 40 años, las adicciones no se limitan al consumo de drogas ilícitas. El alcohol, los medicamentos recetados —como ansiolíticos,
antidepresivos y analgésicos—, el juego, el trabajo excesivo, la tecnología y hasta la comida se convierten en conductas adictivas frecuentes.
Especialistas señalan que estas adicciones suelen estar socialmente aceptadas, lo que dificulta su identificación. “Un adulto funcional, con empleo y familia, no encaja en la imagen clásica de una persona adicta, pero puede estar profundamente atrapado en una conducta compulsiva”, explica un psiquiatra consultado.
El peso de las crisis vitales
La etapa posterior a los 40 años suele estar marcada por cambios significativos: rupturas de pareja, duelos, problemas de salud, presiones económicas, desempleo o la sensación de estancamiento personal. Estas experiencias pueden generar ansiedad, frustración y vacío emocional.
En muchos casos, las adicciones funcionan como una forma de anestesia emocional. El consumo de alcohol después del trabajo, el uso constante de
medicamentos para dormir o la dependencia al celular no siempre son reconocidos como señales de alarma. La adicción se disfraza de rutina.
Alcohol: la adicción normalizada
El alcohol continúa siendo la sustancia más consumida y menos cuestionada en este grupo etario. Reuniones sociales, compromisos laborales y celebraciones familiares giran en torno a la bebida, lo que refuerza su uso frecuente. Según expertos, el consumo problemático en adultos mayores de 40 suele pasar desapercibido durante años. Las consecuencias, sin embargo, son claras: enfermedades hepáticas, hipertensión, deterioro cognitivo y conflictos familiares.
Medicamentos bajo receta: una frontera difusa
El uso prolongado de medicamentos prescritos representa otro foco de preocupación. Ansiolíticos para la ansiedad, pastillas para dormir o analgésicos
para el dolor crónico pueden generar dependencia física y psicológica cuando no hay seguimiento adecuado.
Muchos pacientes confían plenamente en el carácter “legal” de estos fármacos y no consideran que exista un riesgo adictivo. La automedicación y la prolongación de tratamientos sin control médico aumentan el problema.
Adicciones conductuales: trabajo, juego y tecnología
No todas las adicciones implican sustancias. El trabajo compulsivo, conocido como “workaholism”, afecta a personas que encuentran en el desempeño laboral su única fuente de validación. Jornadas extensas, incapacidad para desconectarse y deterioro de la vida familiar son señales frecuentes. El juego, tanto presencial como en plataformas digitales, también ha aumentado en este grupo etario. Apuestas deportivas en línea y juegos de azar se presentan
como entretenimiento, pero pueden derivar en graves pérdidas económicas. La tecnología, por su parte, genera una dependencia creciente. El uso constante del celular y las redes sociales impacta el sueño, la atención y las relaciones personales.
El impacto en la familia y el trabajo
Las adicciones en adultos mayores de 40 años tienen un efecto directo en su entorno. Parejas que enfrentan discusiones recurrentes, hijos que observan
modelos de evasión emocional y entornos laborales afectados por el bajo rendimiento o el ausentismo. A diferencia de los jóvenes, estos adultos suelen cargar con responsabilidades económicas y familiares, lo que incrementa el daño colateral cuando la adicción se agrava.
Barreras para buscar ayuda
Uno de los principales obstáculos es el estigma. Reconocer una adicción después de los 40 se percibe, en muchos casos, como un fracaso personal. La idea de “ya debería saber manejar esto” impide que muchas personas busquen apoyo. Además, los servicios de atención suelen estar orientados a jóvenes, dejando de lado las particularidades de esta etapa de la vida.
Prevención y tratamiento: una deuda pendiente
Especialistas coinciden en que es necesario visibilizar el problema y adaptar las estrategias de prevención y tratamiento. Programas de salud mental,
acompañamiento psicológico y campañas de sensibilización dirigidas a adultos son fundamentales. Reconocer que las adicciones no tienen edad es el primer paso para abordarlas de manera efectiva.
Conclusión
Las adicciones en personas mayores de 40 años son una realidad silenciosa, normalizada y muchas veces ignorada. No se trata de debilidad ni de falta de
carácter, sino de una respuesta compleja a presiones emocionales, sociales y biográficas. Visibilizar el problema, eliminar el estigma y ofrecer apoyo oportuno puede marcar la diferencia entre una vida atrapada en la dependencia y una oportunidad real de recuperación.
